Medio Oriente sigue dejando una marca brutal sobre la infancia. Según Unicef, en el primer mes de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán murieron cientos de niños, miles resultaron heridos y más de 1,2 millones fueron desplazados de sus hogares.

La nota reúne testimonios que muestran el impacto cotidiano del conflicto. Qaseem, un nene de 12 años de Líbano, contó que dejó de salir a jugar al fútbol por miedo a volver y no encontrar a su familia: “Tengo miedo de no volver o de volver y no encontrar a mi familia”. También dijo que ya no quiere aprender a distinguir aviones por el tipo de ataque que anuncian.

Otra de las historias es la de Michael, un chico iraní que le pidió a su madre una foto de despedida antes de ir al colegio. Horas más tarde murió en un ataque con misiles contra su escuela, en Minab, según el relato recogido por la BBC.

El informe de Unicef también advierte sobre las secuelas invisibles de la guerra: incluso los chicos que no sufren heridas físicas pueden quedar marcados por daños duraderos en su desarrollo cerebral, su salud mental y su regulación emocional. En una región atravesada por bombardeos, desplazamientos y miedo constante, la infancia también quedó atrapada.

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