La crisis migratoria en Ceuta dejó al menos 67 personas fallecidas, la mayoría ahogadas al intentar cruzar a nado desde Marruecos, mientras España instaló una barrera flotante de 500 metros en el espigón del Tarajal para reforzar el control fronterizo.
Casi la totalidad de los cerca de 53.000 migrantes que ingresaron irregularmente el jueves ya regresaron a Marruecos, según el Ministerio del Interior español, en el marco de un acuerdo de repatriación entre ambos países.
Pedro Sánchez calificó la situación de «ataque» y «violación de la integridad territorial», mientras Italia, Finlandia y Dinamarca pidieron excluir a España del espacio Schengen. Estados Unidos acusó a España de «facilitar la inmigración ilegal masiva a Europa» y Donald Trump usó el episodio para advertir sobre un escenario similar en su país si gana «el bando equivocado» en 2028.

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