y ya vuelven a lucirse como parte del patrimonio histórico, artístico y religioso de la provincia.

Los trabajos estuvieron a cargo de la especialista Cristina Sonego y su equipo, en el marco de la segunda etapa del proyecto de puesta en valor de la Catedral, impulsado por el Arzobispado y financiado mediante la Ley de Mecenazgo Provincial.

La restauración incluyó estudios previos, limpieza especializada, eliminación de antiguas reparaciones, tratamiento contra la corrosión y la aplicación de productos protectores para preservar las piezas.

Una de las intervenciones más complejas fue la de la escultura de San Juan Bautista, cuya mano presentaba un grave deterioro por oxidación y debió ser reconstruida con un nuevo sistema de anclaje y soldaduras de precisión.
La imagen de San Pedro también requirió un tratamiento especial para revertir los daños ocasionados por una limpieza abrasiva realizada años atrás, que había acelerado su proceso de oxidación.

Las esculturas fueron adquiridas en 1870 a la fundición francesa Val d’Osne y formaban parte del diseño original de la Catedral de San Juan.

Tras el terremoto de 1944 fueron retiradas del frente del templo y permanecieron durante décadas en distintos edificios hasta que, como parte del proyecto de recuperación, fueron reinstaladas en su ubicación original.

Con esta restauración, las imágenes recuperaron su valor histórico y artístico, además de contar con las condiciones necesarias para garantizar su conservación a largo plazo.

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